Rafael Berrio

Iba a ser el verano de las cervezas y los rompeolas, el de los Beach Boys y las playas de California. El de las melodías surferas y los coros bulliciosos. Cómo iba yo a saber que los no- sitios son caprichosos , en sus bandas sonoras no hay señales ni mapas ni estaciones. Como el amor, son lugares raros dónde las lagartijas reptan por el porche a la misma hora. Todos los atardeceres,  como si fuera un simulacro. Y mientras suenan pianos quebradizos y  aúllan unas cuerdas que duelen, se quedan quietas y distantes en la noche, escuchando los valses tristes que lloran un verano feliz. Como cualquier borracho distinguido.

Cómo iba yo a saber que todos lo tiempos perdidos viajarían apilados en la bodega de un avión. Albumes con nombre de mujer que ya no iba a volver a abrir. Recuerdos embalsamados sobrevivienendo al zumbido de un pasado que vuelve a dónde empezó todo. Ahora es tiempo de soltar amarras, de lanzarse a quemar naves. Como Cortés. Sueños de capitán al final de la noche.  De escuchar el fraseo desidioso pero lapidario de alguién que nos alienta a hacerlo así. Y lo sabemos hacer. Es tiempo del boxeador que sentado en su rincón, con la mirada vaga y el cuerpo ya inmune a los golpes, no siente miedo porque ha perdido mil veces.  Y sonríe . Cada esquiva , un requiem. Cada crochet, una nana. Es tiempo del poeta que quema todos sus fantasmas para enterrarlos bajo el hollín irónico de unos textos que interpelan y pican como un aguijon balsámico. Como una verdad desnuda:

“Como iba yo a saber que estabas tan cerca realmente, que ni mirando de frente.”

Ha sido el verano de Rafael Berrio.
El verano de 1971.

 

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Kids On A Crime Spree ” Sweet Tooth”

Casi como una liturgia pre-veraniega , toca renovar los cd´s del estuche del coche.  En busca de un merecido descanso , enfilan el camino de la estantería de casa,  ese ” banquillo”  estacional ,  los siempre infalibles Low, Tindersticks, Band of Horses, Nina Nastasia, Dominique A…Formidable su trabajo en las noches gélidas de cristales empañados y cielos opacos . Toca bajar las ventanas, encender el aire acondicionado, agitar los brazos. Es hora del olor a salitre,  el after-sun,  la botella de agua recalentada zigzegueando por el suelo. Las palmas, los coros, el fuzz y el reverb.  El sha la la.  Vuelven fieles Phil Spector y los Beach Boys.  Otro año más , tocan las playas de California.
Lo peliagudo es elegir entre toda la horda de bandas que se han arrojado al revival del surf pop. Si el año pasado mi podium particular lo ocuparon The Strange Boys , Harlem y Surfer Blood , este año ya hay unos que suben fijo al cajón: Kids on a Crime Spree. Los de Oackland acaban de publicar We love you so bad” , ocho trallazos de vocación  canicular que homenajean al santo grial del sunny – pop sesentero : melodías infecciosas que surfean sobre estructuras nada alambicadas,  coros contagiosos , una dosis justa de distorsión… 21 minutos de sonido lofi ( grabado en un estudio analógico)  que sirven para rubricar que el verano y las playas de California ya están aquí. Otro año más…
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Artic Monkeys ” Black treacle” + don´t sit down cause I´ve moved your chair”

Alex Turner , el líder de Artic Monkeys, sigue siendo el más listo de la clase.  En el 2009 se fue al desierto de Mojave  a enterrar la bandera de grupo generacional y de allí salío un artefacto (“Humbug” ) oscuro,  denso , plúmbeo , que de la mano en la producción de Josh Homme (Queens of the Stone Age) rozaba el larguero del sonido stoner. Rock a palo seco. Era un aviso para navegantes y, sobre todo, para todos los profetas del hype. Para los que pensaban que la ferocidad de sus melodías, ese vértigo inicial y sus memorables estribillos al filo del punk encerraban dentro su fecha de caducidad, el mensaje era palmario: se acabó la fiesta, las luces en la pista de baile se habían apagado. De golpe, los de Sheffield se habían sacudido de encima toda la presión de quienes proyectaban sobre ellos la sombra de simple epígono de Blur u Oasis. Una jugada maestra.
” Suck it and see” es su nuevo disco. Quienes esperaban otro viraje de 180 grados, otro “todo o nada”, pueden seguir sentados. Turner ha puesto encima de la mesa toda su inteligencia , talento y madurez ( sí , madurez) para macerar el sonido de sus tres discos anteriores y exhibir una sonido aplastante, sin fisuras. Atemporal?  Todo lo contrario , un disco que huele a la psicodelia de los 60, al rock más lisergico de los 70, con restos del post-punk de los  80 o del pop más clásico de los 90..Canciones que destilan una paleta de sonidos que mutan desde las guitarras más pesadas heredadas del último disco (“don´t sit down cause I´ve moved your chair”) a un sonido más clásico , accesible y pop ,  como en “black treacle” , que se abre con un riff pegajoso  y dónde la voz melódica , carismática y versátil de Turner  matiza todas las ondulaciones de la canción variando los tempos con la ayuda impagable de Matt Helders , cuya  metronómica percusión acelera o frena el pulso de cada tema de una manera brillante.
Habrá a quienes les escame (y ahuyente) verlos pelear por el número 1 de ventas con grupos como Lady Gaga o Shakira. Yo les aconsejo que lean la portada : suck it and see. Pruébalo y ve.

 

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Herman Dune ” Tell me something I don´t know”

Si hubiera escrito este post hace un mes , habría arrancado el texto con algo parecido a  : “ en un mundo más justo , Herman Dune sería el grupo de cabecera de miles de personas “. ¿ No querías taza ?  Pues toma tazón y medio de justicia. Aunque sea distópica. “ I wish that I could see you soon “ , la genial canción del grupo ( que se publicó en “ Giant “ , 2006)  apunta a canción del verano siguiendo el linaje GergieDannesco, despúes de que una conocida marca de cervezas la haya recuperado para poner música a su anuncio de temporada ( y  tributar de paso la cuota de  “ indiemodernismo”, tan necesario para seguir fagocitando mercado, en fin… ). No creo q ni el bueno de David Ivar YaYa ni su compañero de fatigas Cosmic Neman ( Herman Dune),   tuviesen la más vaga idea a priori de quienes eran Isabel Coixet (directora del spot) o Ferrán Adria/Elena Anaya ( protagonistas del clip), en todo caso, si alguién merece un golpe de efecto -aunque sea por la vía más utilitarista de la industria musical- me alegro que sean ellos. Por lo menos , el lema no puede ser más atinado “ A veces lo normal puede ser extraordinario
En todo caso, lo que verdaderamente importa en relación al dúo franco – sueco es que tienen nuevo disco “Strange moosic “( 2011) y que su estado de forma compositivo sigue siendo majestuoso. Sin llegar a las cotas de lucidez y refinamiento melódico de su anterior disco “ Next year in Zion”(2008) pero alejados de sus orígenes más lo-fi, despliegan de nuevo toda su sencillez y minimalismo pop/folk, ese que les sitúa a medio camino entre Hefner , Daniel Johnston y Jonathan Richman. Una alquimia infalible de deliciosas melodías ( con la voz inconfundible de David filtreando con una especie singular de spoken word ) , coros que se pegan como la resina, textos cargados de romanticismo y buenas vibraciones y ese punto bizarro marca de la casa. El mismo que les ha llevado a entregar el protagonismo del primer videoclip del disco a una estrafalaria historia de amor / amistad entre Jon Hamm (el famoso Donald Draper de Mad Men) y una criatura que aterriza súbitamente en este mundo , una mezcla de Yeti azul y Fraggle.
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Titus Andronicus ” No Future Part Three: Escape From No Future” + ” The Battle of Hampton Roads”

“You people out there, you think you know New Jersey. You think because you’ve seen the Sopranos, The Real Housewives, The Jersey Shore. You heard about the garbage dumps. You smelled the Meadowlands when you were driving down the Turnpike. You think you know New Jersey? You don’t know anything about New Jersey. That’s why me and my four best friends, together we make up Titus Andronicus, and we’re going to go up and down this state. We are going to show the world, through this video what New Jersey is really all about.”
El que escupe rabioso ese orgullo de barrio es Richard Stickles,  el cantante de Titus Andronicus, quién furioso con el mundo y harto de complejos y patrañas catódicas quiere enseñarnos el verdadero New Jersey en el video de “No Future Part Three: Escape From No Future”, perteneciente a su segundo disco The monitor ( 2010).  A tumba abierta , sin cavilaciones , se lanzan a recorrer su ciudad en un ejercicio de celebración colectiva de rock desbocado , impetuoso y  primigenio que te hace querer subirte a su particular tour de force y terminar gritando con ellos en ese cínico e infinito coro final “ you will always be a looser and that´s ok “
Y es que “ The monitor” – inspirado a nivel temático en la guerra civil americana- ,  está infestado de perdedores y de crónicas amargas sobre las contradicciones del sueño americano y sobre todas las aflicciones que asolan a una sociedad abúlica, practicamente herida de muerte. Por eso su música es tan necesaria , porque funciona como metralla de angustia vital , como exorcismo de toda la rabia y todo lo absurdo por los conflictos heredados y porque perforan el inconsciente con frases letánicas como ese “the enemy is everywhere”.  Y todo envuelto en un incendio que suena a The Pogues invitando a su verbena a los two gallants y los Arcade Fire del “ funeral”.
Un album plagado de citas ( “ tramps like us, baby we were born to die”), menciones y discursos como el de Lincoln que inaugura ese martillazo de sonido devastador  que es A more perfect union:  “ As a nation of free men, we must live through all times, or die by suicide”. Aunque el espíritu del disco se eleva a modo a epítome épico y heroico en los 14 minutos del corte final “ The Battle of Hampton Roads” : la voz incandescente de Richard Stickles , los coros demenciales, y las guitarras a la carrera , que agotadas y desangradas en el minuto 9.22 dan paso a unas gaitas  gloriosas . Entonces con un nudo en la garganta, colapsado, intuyes por la percusión marcial que renace y asoma de nuevo, que todavía les queda munición y orgullo para seguir peleando.
Orgullo de perdedores. La esencia del rock and roll
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The Marzipan Man ” When little Johanna dances” + ” Hipnotized”

Conocí a The Marzipan Man casi por una serendipia. En la radio sonaba a lo lejos una canción que no conocía de Yo la tengo, así que excitado agudicé el oído para escudriñar la letra y rastrearla a posteriori:“…take this wind as an advice…”. Algo extraño había en la voz, no cuadraba ni con Ira ni con Georgia . Y aún menos con James. Google hizo la luz : ni rastro de los de Hoboken, la canción era de un grupo mallorquín que se llamaba The Marzipan Man ( o lo que es lo mismo, Jordi Herrera)  y estaba incluída en su primer disco, publicado en el 2007 : “ The marzipan man stories” .
La dichosa confusión invitaba desaforadamente a zambullirse en el disco y  compulsarlo en su totalidad. La primera impresión fue desconcertante , su arsenal melódico era tan excesivo como ecléctico: tan pronto sonaban al twee pop de Beat Happening como a psicodelia vaporosa estilo Cocteau twins. Plagado de sugerentes arreglos, había de fondo un muro de sonido infantil , como de fábulas para adultos contadas en una atmósfera de misterio. Intrigante y atrevido. Como la historia en la que Jordi cuenta que el hombre mazapán vive debajo de un arból , de dónde no sale casi nunca y dónde escribe y escribe sin parar. El dice que se lo encontró en el bosque de Salisbury , un día lluvioso y le contó historias. Historias que ahora son canciones.
Y que se acaban de publicar en  Adventures ( 2011) , su segundo disco y la confirmación de un corpus musical y lírico que podría perfectamente ser la banda sonora de esa frase que dice que “ La imaginación es más importante que el conocimiento”. Melodías deslumbrantes al servicio de historias y personajes venidos de otros mundos, como esas muñecas de Dresden que sueñan el futuro y lo dibujan en paredes con carbón y cera (“Dresden dolls”). O el baile de la pequeña Johanna (” When little Johanna dances”) , ese que hace que todos los chicos de la clase pierdan los papeles y  suspendan matemáticas. Historias sobre amores y soles eternos , como el mismo Jordi cuenta sobre “ Hipnotized” :

“ Estar enamorado es estar hipnotizado, entre otras cosas. Damos vueltas y vueltas en un barrio periférico de una galaxia en espiral, que nos mantiene, si queremos, hipnotizados, y el sol nunca se pone realmente..”

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The Feelies “Time is right” + “Morning comes”

Si Superchunk se han tomado más de una década para certificar con su “Majesty Shredding“ (2010) que a power pop no les tose nadie, The Feelies han prolongado su barbecho compositivo más de  20 años para publicar este inesperado  “ Here before”(2011) y seguir justo en el mismo sitio dónde lo habían dejado en 1991 con “Time for a Witness”. Para entonces,  ya se habían alejado de aquel artefacto de culto de sonido irrepetible,  infeccioso , destartalado y frenético  que  fue “Crazy rythms” (1980 ), templando su urgencia rítmica y evolucionando su sonido hacia  territorios más aledaños a un jangle melódico con ascendencia “velvetiana” de guitarras escurridizas, cadencia melancólica y alguna que otra licencia en forma de veta más nerviosa.
Sea como fuere, todas las dudas y suspicacias  que puede generar un hiato de 20 años quedan disipadas abruptamente tras la primera y epatante escucha de “ Here before” : the Feelies siguen sonando elegantes , maduros, vibrantes  , descarados y  con ese lustre atemporal de un disco que sonaría vigente y fresco 20 años antes. O 20 años despúes. No han malogrado ninguna de las señas de identidad que les hace imprescindibles y en las que se asientan con una comodidad que deslumbra:  un bajo musculoso  dibujando melodías pegadizas, la angustia adolescente de sus guitarras rítmicas sincopadas , la percusión surfeando imprevisible, el fraseo desganado a lo Lou Reed de Glen Mercer o  los punteos, solos y adornos (esas campanas en “later on” ) que estallan como chispazos imprevistos.
“Is it too late to do it again?” se pregunta Mercer en “Nobody knows”,  la canción que abre el disco. 46 minutos despúes ellos se encargan de dar una respuesta proverbial : nunca es tarde si la dicha es buena. Y la de the Feelies no es que sea buena, es buenísima.
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