Blouse ” Into Black”

Un París espectral y crudo es el escenario de fondo para el baile al límite de la locura de Juliette Binoche y Denis Lavant en Los amantes del Pont Neuf ( Leox Carax 1991). La escena, vibrante y de un lirismo arrasador, rescata por un momento a los personajes de un destino dramático y , usando los fuegos artificiales como una válvula de entrada de aire,  les insufla un punto de vitalidad y de euforia casi imposible. Algo de eso hay en la música de Blouse y por eso tiene todo el sentido que el colectivo Wooden Lens haya elegido fragmentos de esa escena para poner imágenes al single de debut  del trío de Portland.
Google no sabe nada de ellos: ni myspace , ni facebook ni web. Un raquítico bandcamp revela que  “Into black “ comparte 7” con “ firestarter “ ,  dos aldabonazos inapelables que les han catapultado a fichar por el sello Captured Tracks , jardín del edén y refugio para la última oleada de bandas que han hecho bandera del dream pop con aires retro ( Wild nothing, Beach fossils , Minks,..).
Into black”  tiene todo para esquivar el recuerdo fugaz y alojarse en la cabeza de cualquiera que le conceda 2 escuchas : una linea de bajo electrificado volcánica (  the xx: presentes!!) , unos sintetizadores subidos en una montaña rusa, entre el goth – pop y las atmósferas más neblinosas , una percusión matemática y la voz anémica de Charlie Hilton volatilizando  unas melodías envolventes mientras susurra ” I wanna watch you fade into…“.  Todo ello consigue agitarse hasta conseguir una sensación de elevación fascinante , una rara mezcla de melancolía y vitalismo. Como en esa escena de los amantes en el Pont Neuf..
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The Wave Pictures ” Little Surprise”

La voz de Dave Tattersall es como una cordillera : lo mismo sube enfática y engolada que baja en falsete por un tobogán interminable de molinetes melódicos. Y cuando eso pasa, irremediablemente y como un acto reflejo,  la cabeza se ladea hacia un lado y otro,  los tobillos se desbocan y la vida parece que cambia de color. Esa es la magia intransferible de The Wave Pictures: pequeñas e inagotables canciones que te hechizan y que son un émbolo que te dispara el estado de ánimo. Un antídoto infalible para rutinas, escalas de grises y pequeños desastres cotidianos.
Aprovechando un estado de gracia compositivo que parece una fiebre que no remite (  6º disco en 5 años ) y una fertílisima actividad en directo ( para regocijo nuestro, con especial hincapié en España), se encerraron durante 48 en la casa de Darren Hayman ( Hefner )  para parir este  “ Beer in the Breakers” que verá la luz el 2 de Mayo y cuyo vinilo publicará en exclusiva el sello Acuarela con 3 canciones extras.  El resultado es otra fascinante colección de historias agridulces y aflicciones domésticas que se filtran por el circuito habitual de los ingleses, pop/rock infeccioso y vitalista, que lo mismo suena a Violent Femmes que a Jonathan Richman o a Herman Dune, con esos solos de guitarra ya marca de la casa.
“ Little surprise “ es el primer single del disco y según reconoce el propio Tattersall : “Escribí la letra en un bar en Múnich, resacoso, a primera hora de la mañana. Describe una escena en la que están involucradas dos personas que trabajan ahí y tienen una especie de disputa. Es muy misterioso. Uno de ellos tiene una “pequeña sorpresa planeada”, pero nunca llegamos a saber qué es “.
Lo que ya ha dejado de ser una sorpresa es la música de los Wave Pictures: canciones perfectas para este verano de cervezas y rompeolas.
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The Decemberists ” Calamity song” + ” Down by the water”

Si buscas en el diccionario la definición de canción perfecta, aparece una foto de Colin Meloy, el líder de The Decemberists.  Según un cable extraviado de Wikileaks , es la página que consulta desquiciado desde hace años Michael Stipe. Pero no hay manera. “The king is dead”   (2011), el nuevo album de los de Portland , es una rutilante colección de canciones  luminosas , limpias, con una métrica melódica insuperable. Una respuesta sin paliativos para sofocar las dudas que suscitó su anterior trabajo ” Hazard of love ” ( 2009),  una apuesta megalómana, un cuerpo extraño en su discografía disfrazado de monumental ópera pop , barroca , excesiva y que soterraba todo el patrimonio melódico atesorado anteriormente. Un disco que no satisfizo ni a a ellos ni a los fans.
Con ” The king is dead” vuelven a  desplegar ese puente mágico que conecta el pop más romántico con toda la tradición del country/folk americano y se plantan orgullosos en un carretera dónde transitan libres de peajes y casi sin tráfico ( Jenny and Johnny, Clem Snide, Neko Case..).. Y para  ello recuperan una producción austera pero solvente , sin ornamentos ampulosos y con los únicos ingredientes extras que esparcen su fabulosa slide guitar, las aullidos de una armónicas radiantes , acordeones y algún violín furtivo. El alucinante acompañamiento vocal de Gilliam Welch , dando las puntadas más country , ribetean un sonido que evoca tardes de luz inacabables, paisajes relajados y esa sensación lánguida de que todo se va colocando en su sitio, sin molestar.
Con un guiño nada accidental a los Smiths, dicen que el Rey ha muerto: pues que viva el Rey! y que vivan las canciones perfectas de The Decemberists!
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The Thermals ” Saints” ( Breeders cover ) + “I´m gonna change your life”

Siempre he tendido a hacerme fan de grupos por las razones más peregrinas. En la prehistoria de los 90,  si veía  algún reportaje dónde cualquier músico ignoto portaba una camiseta de Sonic Youth, yo me entregaba a su causa incondicionalmente. Algunas veces hasta me llegaba a gustar la música del grupo en cuestión. Abandoné esta noble motivación despúes de los FIB del 97 y 98 ,  festivales dónde había más camisetas de Sonic Youth que personas, incluyendo a los escenarios. Ni el más furibundo de los melómanos podía llegar a tener una cartera de grupos fetiche de semejante proporción. Era de locos. De aquella época me queda todavía otro mecanismo arbitrario para convertirme en fan de un grupo : que hiciera una versión de las Breeders.
Argumento de tal consistencia  me llevó el año pasado a Venezuela.  Concretamente a  ” Jóvenes y sexys , un grupo que tenía en su myspace una sugerente versión del ” divine hammer” . Y el mismo móvil me transportó a Portland ( Oregon) , tras llegar a mis oídos que un grupo llamado The Thermals embestían la mítica ” Saints” de las hermanas Deal. Hurgando en la biografía de mis nuevos ídolos me sorprendió su fecundidad discográfica ( 5 discos en 8 años) y el hecho de que en el 2006 lanzaran un alegato en forma de disco extremadamente politizado,  que estallaba de lleno en la línea de flotación del conservadurismo religioso americano. Cristo mal, mi admiración en aumento. La gota que colmó mi súbito groupismo fue el dato de que para la grabación de un videoclip de su último disco       habían contado con la aparación de ( me pongo de pie) : Carrie Brownstein, de Sleater Kinney.  Ya no era un fan. Era un jodido hooligan de The Thermals !!! Y todo sin haber escuchado ninguna canción original suya.
Por suerte, la escucha de “ Personal Life” (2010) fue un alivio descomunal   Producido por Chris Walla de Death Cab for Cutie , el disco es un tratado imponente de power/pop peligrosamente contagioso. Una línea de bajo atómica conduce el cauce melódico de casi todas las canciones , apoyadas en la poderosa y vibrante voz de Hutch Harris y en una batería trepidante. Incluso, cuando bajan las revoluciones y se disipa la urgencia, son capaces de modelar unas medios tiempos a la altura de los mejores Wedding Present ( “power lies”, ” a reflection“) .  No hay ni rastro de toda la artillería política desplegada anteriormente , pero sí siguen barnizando de mordacidad y sarcasmo unas letras que tratan sobre las relaciones y la conexión entre las personas. La primera canción se titula ” I´m gonna change your life” .  La última ” You changed my life”.  No hay que atar muchos cabos.
El “método Deal ” sigue siendo fiable.
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The Fall ” New big Prinz” + ” Blindness”

Mark E. Smith ( The Fall) es un misántropo y un cabrón. Hace poco, tocaban en un festival en Dublín junto a la banda folkie ” Munford & Sons ” , que estaban ensayando placidámente hasta que , cual proyectil, les cayó una botella.  Se escuchó un ” callaos , hijos de puta” . Era Mark, no le gustaba nada lo que estaba oyendo. Posteriormenté espetó rudo ” Eran terribles , sólo pensé que eran un montón de retrasados de cantantes de folk irlandés”.  Son incontables sus encontronazos pendencieros, conflictos,  peleas y demás alteraciones del orden público. 30 años peleándose con el mundo . Exactamente los mismos que ha consagrado a esculpir al frente de The fall un rock de granito, abrasivo , incómodo y contestatario que parece que no tiene fecha de caducidad.
Los números de Mark E. Smith apabullan: en 3 décadas con The Fall ( una banda por la que han desfilado más de 100 músicos) tiene editados más de 100 discos, sumando a los 28 oficiales, directos , ep´s , singles y otras rarezas. Una discografía que alcanza para momentos sublimes y para otros olvidables. Pero en lo que ha sido regular es en tensar el rock hasta niveles dónde nadie ha llegado.  A bastardearlo y pulverizarlo con disonancias abrasivas, drones que vibran como una tuneladora , percusiones metronómicas y sobre todo con una actitud desafiante y retadora inimitable. La de Mark E. Smith : el punk despúes del punk.
La primera vez que les vi en directo fue un gatillazo. Era el 2004 y yo era un advenedizo a The Fall dispuesto a entregarme a su cruzada post-punk.  Salió en una condicion etílica inverosímil y su habitual fraseo balbuceante ni siquiera llegaba a la cacofonía.  Se dedicó – lo que aguanté del concierto ( 20 minutos ) – a putear a todos los integrantes de la banda  : les quitaba las clavijas del ampli, les bajaba el volumen, les pisaba los pedales…Un chiste sin gracia.
Exactamente 3 años tardó en tomarse la revancha y servirla en una bandaja de plata. Por el escenario grande del PS2007 ,  asomó la cada vez más ruinosa figura de Mark E. Smith. Su primera mirada al público fue una mirada displicente , de asco. Nos oteó como si fuéramos una caterva de indeseables. Y zas . A partir de ahí se encendió una locomotora que arrasó todo lo que encontró a su paso. Recuerdo el sonido del bajo como si fuera un tomahawk.  Sus monsergas esta vez sí eran escupitajos orgullosos y provocadores que se solapaban con el sonido de una banda  perfectamente engrasada. Un manguerazo interminable de punk y rock. En un momento del concierto y en uno de sus típicas maniobras de histrionismo despectivo, empujó con ademán destemplado a la chica que estaba en los teclados y se puso a aporrearlo arrítmicamente.  Luego leí que era su esposa.
Mark E. Smith, más de 30 años siendo un cabrón.
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Bill Callahan ” Riding for the feeling”

Después del “Sometimes I wish we were an eagle ” ( 2009) , el directo que publicó el año pasado y  este “Apocalypse” ( Drag City  2011), creo q ya se puede decir sin titubeos:  Bill Callahan escala solo, sin más compañía que una mochila q contiene el secreto que funde el folk con el rock, hacia la cima que corona al mejor escritor de canciones de lo que llevamos del siglo. Por suerte, el 21 de Mayo y desde nuestra insignificancia del patio de butacas , le veremos subir unos metros más. Y aunque sólo sea ese tramo, lo haremos con él.
Y es que este “Apocalypse” , siguiendo la terminología bíblica, es el decimoquinto Evangelio según San Bill Callahan ( antes Smog). Un nuevo testamento dónde el barniz cálido de sus dos anteriores  discos se diluye en cierta manera y se combina con  pasajes más estriados , selváticos y tensos,  que desde la tiranía abisal  de su voz,  se angostan y remifican para dejarte respirar en ese claro final que es su última corte, one fine morning”. A sus 44 años, el bardo de Maryland ha llegado a un magisterio en el manejo del fraseo y del timing , que es casi fútil hablar de estilos o de influencias. Cuando quiere suena solemne, cuando quiere íntimo. Acelera o retarda las canciones a su antojo ( baby´s breath) , las asilvestra ( “Universal Applicant”) o las domestica ( “riding for the feeling” ). Mi amigo D me sugiere el Astral weeks de Van Morrison. No está mal tirado oyendo el folk/ jazz  de “free´s” : libérrimo, sin corsés estilísticos, atemporal, sinuoso, con un dominio apabullante de la voz . !!!Joder, pero es que estamos hablando del “Astral weeks” !!! Esa es la verdadera magnitud del “Apocalypse”. En “riding for the feeling”,  el corte más relajado y frágil del disco , Bill hace una confesión, entre susurros :
“ They just said, “Don’t go, don’t go” Well, all this leaving is neverending . I kept hoping for one more question Or for someone to say, “Who do you think you are?” So I could tell them”
No hace falta Bill, ya lo sabemos. Eres ese escalador que solo y  sin más compañía que tu mochila, caminas hacia lo más alto.
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Buffalo Tom “Kitchen door” / “guilty girls”

Hay veces que basta con estar en el sitio indicado en el momento adecuado.  Cuando el “Nevermind” generó aquella deflagración en el rock independiente a principios de los 90, muchas bandas que pasaban por ahí , se vieron de golpe con un contrato multinacional encima de la mesa. Dificil resisterse : acceso a más público, mejores canales de distribución. Más dinero. La música independiente , por esos extraños mecanismos que ligan lo sociológico con la mercadotecnia, se había convertido súbitamente en una etiqueta “vendible” para la Industria.  Evidentemente las bandas tenían que pagar algún peaje – muchos lo abonaron puntualmente-, otros siguieron incorruptibles y fieles a su estilo ( hay está el caso paradigmático de Sonic Youth con Geffen) . Los que ni se enteraron de la fiesta fueron Buffalo Tom.  Esos días se habían quedado en casa. Oyendo su música ahora, sólo un fenómeno paranormal explica la marginal resonancia que tuvo – y tiene- esta banda imprescindible.
Bill Janovitz (guitarra y voz), Chris Colbourn (bajo y voz) y Tom Maginnis (batería) , es decir Buffalo Tom, se formaron en Boston allá por 1986  y debutaron de la mano de J Mascis de Dinosaur Jr ( quién les produjo sus dos primeros discos). En los 90 fueron depurando y estilizando su sonido , hasta afianzarlo dentro de un pop melódico afilado, de guitarras vigorosas y estribillos sublimes que bebían de los setenteros Big Star y que los emparajaba  directamente con sus coetáneos Teenage Fanclub. Con un paladar exquisito para inventar melodías que se pegaban como el loctite, daba igual que fuera un medio tiempo con crescendo final que un pildorazo de power pop capaz de insuflar energía y melancolía a la vez. Para un servidor, muy superiores a REM o Lemonheads ( estos sí que pillaron el tren ), Buffalo Tom fueron cruelmente ignorados por la gente y orillados por una industria miope, de hecho su status no pasó de ser una college radio band . Tenían más seguidores incluso en Europa que en USA, algo inverosímil oyendo temas como” kitchen door” de su maravilloso ” Sleepy Eyed” (1995).
El caso es que 25 años despúes ,  con la misma formación y con igual desatención e indiferencia por parte de público y prensa, siguen facturando discos incontestables, como ” Skins” ( 2011).  Ajenos a modas y demas “ismos” , conservan intactas sus señas de identidad y siguen renovando su apuesta por no coger ningún atajo para emocionar con canciones impecables, como esta enérgica ” guilty girls”. Y es que si de lo que estamos hablando es de pop de guitarras, los que mandan – aunque casi nadie se entere- son Buffalo Tom.

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